martes, 14 de julio de 2009

Princesa

En mis sueños de princesa, el deseo concedido era tener un diente derecho y el cabello liso como una sábana. Ya adolescente, el deseo se transformó en 8 kilos menos y unos 5 centímetros más de altura. Después de ser madre, el deseo significaba una cintura de 60 centímetros. Más tarde, el deseo se completaría con lograr unos 10 años menos. En este mundo mensurable, ser princesa representa algunos números de más o de menos en algún sitio del cuerpo. Y cuando los números no pueden estar en el cuerpo, siempre es bueno que estén, al menos, en el bolsillo.
La lógica de los cuentos me dice que todo aquello que logré transformar en el mundo, no estaba en mi cuerpo. Si estuviera en mi cuerpo, yo sería la princesa. En cambio, el diente torcido, el cabello enrulado, los kilos y los años, me convirtieron en…el hada madrina!...esa simpática ...

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Mucho mas apagadas...a la izquierda de la muneca plastica, tres mujeres reales piensan, se equivocan y proponen otro mundo.
Por esas cosas poco casuales del mercado, todos sabemos quien es Barbie... muy pocos quienes son ellas.

claudia paredes dijo...

Pero todas quieren ser Barbie en algún momento, supongo que -precisamente- porque todos saben quién es. Muy pocas mujeres saben quiénes son. Muy pocos hombres saben quiénes son esas personas que quieren.

aventurasdechatran dijo...

Tal vez los hayas visto y seguro puedas captarlo con tu lente, en Córdoba vi hace poco letreros de una escuela de maquillaje que promocionan "¿Sabés dónde aprenden a maquillarse las princesas?". Muy a tono con tu post.
Beso!

claudia paredes dijo...

No los he visto todavía pero te prometo un clic de mi cámara. Seguro que la escuela de princesas apuesta a algunos números en el bolsillo. Creo que a muchas nos encantaría saber qué princesas somos realmente. Je.

Martín dijo...

Pero es ella la que hace los milagros...

claudia paredes dijo...

Síiiiii...siempre es un placer. Si plantas una semilla y luego crece una flor, cómo lo llamas?. Pues, milagro. Aunque la ciencia tenga otros nombres. :)

kat dijo...

yo tambien me convertí en hada madrina por lo mismo, jaja, al menos no perderemos el sentido del humor!

claudia paredes dijo...

El humor nos hace magas.

Víctor dijo...

¿Para cuándo una muñeca basada en la realidad? ¿Por que las niñas deben imitar los imposibles cánones de la Barbie y no al revés? ¿Por que no son las Barbies las que se subordinan a la realidad?

Preguntas retóricas aplicables también a He-mans, Kens, G.I.Joes, y otros musculosos muñecos por el estilo.

Saludos lelos!!!

claudia paredes dijo...

Supongo que los muñecos hablan de un ideal. La fantasía juega sobre esos ideales del cuerpo. Cuerpos que no enferman ni envejecen. El problema no es que tengamos muñecos perfectos. El problema es que nosotros queremos ser como esos muñecos. Saludos lelísimos!

adriana rey dijo...

Qué buen post!! me siento identificada totalmente, y además contenta de haberme convertido en hada madrina! nunca lo había pensado así... ahora me voy a comer un par de postres más, jajaja, y sin culpa!

Ceci dijo...

El hada madrina es lo más ;)

claudia paredes dijo...

Adriana: esperamos algunos bizcochos virtuales...je

Ceci: realmente, poder hacer cosas es lo más.

Pame... dijo...

:) sueñooooooos de princesa tenés hadaaaa! :)

claudia paredes dijo...

El consuelo es que no tengo tantos cachetitos.

uma dijo...

Aunque todas tenemos alguna parte que quiso (y quiere) ser princesa, la ventaja de ser hada madrina está en que sólo las hadas parecen hacer cosas. Las princesas de los cuentos se quedan languideciendo por ahí...

claudia paredes dijo...

Uma: debe ser falta de azúcar...