martes, 11 de diciembre de 2007

Palabras autorreferenciales


Aprendí a leer y a escribir a los cinco años. A escribir, primero en una máquina Remington vieja de mi abuelo antes que a mano, de allí la velocidad en el teclado. El primer grado la pasé sentada mirando a mis compañeros y preguntándome por qué no había podido ir al Jardín de Infantes. A los seis me compraron un diario personal y desde entonces, las palabras fueron poemas. A los 8 había leído las principales novelas clásicas para chicos. Todas las que había entonces. A los 14 tocó Arlt, Dostoievsky y Borges. A los 17, Cortázar, Joyce y Chesterton. A los 18 leía filosofía y se me quemó el cráneo. Consecuentemente con esto, quemé todo lo que había escrito. A los 19 me prometí no volver a escribir. Volví. A los 21 me casé. A los 22 fui madre por primera vez. A los 23 mi esposo dijo que mis palabras le hacían doler. A los 23, entonces, dejé de escribir. A los 25 entré a la Municipalidad, a escribir. A los 28, me divorcié. Y volví a escribir. A los 30, mi hermano Diego, que es además mi mejor amigo, se fue a Chile. Le escribí. A los 32, Diego se fue a Barcelona y continué escribiéndole. A los 34 conocí al padre de mi segunda hija. No le gustaba leer. Así que no escribí nada. Y también dejé de leer. A los 36, fui madre por segunda vez. A los 36 también, me separé por segunda vez. Y no escribí. Ni una palabra. A los 38 entré al Colegio Universitario. Cinco meses después empecé el blog. Y volví a escribir. He vivido muy rápido y las palabras han sido siempre mis únicas compañeras. Las quiero. Por eso a veces escribo para otros, porque imagino que tal vez sea un consuelo, como para mí.

14 comentarios:

ceci dijo...

Están para eso las palabras, sino la vida se nos atraganta. Pensamos parecido.

claudia paredes dijo...

Gracias por no permitir que me indigeste!. Este último tiempo has sido mi gran consuelo.

Cynthia dijo...

Clau sigo diciendo y afirmando que sos una Grosa!

yo tbn escribo mucho sobre mis pensamientos, sentimientos y estados de ánimo, ayuda mucho a desahogarse.....

Me gustó mucho este post!

claudia paredes dijo...

Gracias Cynthia por tener tiempo para mí. Me gustaría compartir esos estados de ánimo que mi amiga Ari desde Barcelona define como "días azules".

Maxi Peñéñory dijo...

Lo que no dice este post es que con las palabras, además, hacés magia!

claudia paredes dijo...

Palabras mágicas que aprendí de toda la gente inimaginable. No son mías, aunque pareza. (Sí lo es la intención).

rama dijo...

Qué hacer sin palabras, cómo expresar ese no se qué, extraño sería. Pero se ve que siempre te ha acompañado el alfabeto, aún que haya querido descansar de el!.
Saludos Claudia.

La Ele dijo...

Me alegra que hayas encontrado este papel virtual para que puedas compartir con nosotros tus bellas y mágicas palabras.

Maxi Peñéñory dijo...

A veces, la intención es lo que cuenta.

ariadna dijo...

si lo miras así, con la perspectiva del tiempo, estás cosiendo. A veces la aguja trae a las palabras por encima de la tela y a veces se las lleva para abajo... no se ven, pero están. Hasta que vuelven a explotar agujero arriba. Por algo texto y tejido tienen el mismo origen etimológico. Gracias por tus bordados, clau. Y por compartir tu azul

claudia paredes dijo...

Rama:durmiendo también escribí.

Ele: fue todo un descubrimiento.

Maxi: gracias

Ari: es cierto, no me había dado cuenta. Mi tejido es largo, profundo, ojalá que les guste.

Fran G.B. dijo...

Me gusta colarme en tu tejido y quedarme un rato, aportar algún punto y volver a perderme en la gran trama, entre sus espacios vacíos -vacío no es lo mismo que nada, ya se sabe- y luego sabullirme de nuevo entre esa promiscuidad agradable de poesía. Tus "palabras autorreferenciales" hacen referencia a experiencias muy mías. Aunque empiezo a dudar de que las experiencias sean de alguien...

claudia paredes dijo...

Sin embargo tus experiencias han tenido felices finales. En eso el mundo fue benevolente. Gracias.

Fran G.B. dijo...

Es cierto, hay ciertas bondades agazapadas que me protegen mucho. Lo tengo presente y me salvan de esos abismos que también todos tenemos. Cuando voy cayendo en ellos, a cierta profundidad aparecen hilitos de alguna trama generosa