martes, 18 de diciembre de 2007

Noches de Oriente


Papá dijo que nunca tendría a un hombre si usaba tanto el cerebro. Mamá dijo que no era para tanto, pero me aconsejó cerrar la boca para que nadie se diera cuenta. Rebeldía es esa palabra malvada que preferí usar desde entonces para hacerme un lugar en el mundo. Tejí como una pequeña Scherezada mi tela de palabras escribiendo de noche sobre el diario mágico. Con el tiempo, siempre por las noches, inventé un hilo de palabras para unir historias sobre el desierto de los hombres y de las mujeres. Nunca dejó de conmoverme ese intento de vencer la muerte con palabras, de hacer un escudo con el cuerpo para detener los golpes sobre otros, de preferir el silencio cuando se hace tarde y no hay más qué decir que lo dicho. Scherezada es un caudal de valor incondicional, de entrega total para un destinatario absurdo, una llave que abre el pecho cerrado de la guerra, un puñal devastador para la conciencia. Sherezada me enseñó a no callarme aún cuando sienta tanto por dentro que no pueda hablar y tenga que escribir a toda pulsión. Sherezada me animó a narrar mis nocturnas contradicciones aún cuando no sepa si alguien alcanzará a comprender que todo el tiempo es "ahora", aún para el "mañana", porque nunca sabemos cuándo es tarde o cuánto es muy tarde. Sus últimas palabras serán las primeras, finalizará diciendo “había una vez” para mostrarme que todo inicio es la puerta de salida de una entrada paraonoica. Mientras me arrodillo a esperar que el sultán ordene cortar mi cabeza, Sherezada cambia el velo y hace magia. Voy por ello.

2 comentarios:

bu dijo...

hola clau, m'encanta como escribes...maga...

claudia paredes dijo...

Hola Bu! También a mi me gusta tu blog. Lo leo aunque no comente siempre. Gracias por visitarme aquí.