miércoles, 12 de septiembre de 2007

Pozo en el desierto

Tenía diez años menos cuando llegó –la verdad no recuerdo cómo- a mis manos una novela del autor cordobés Juan Coletti que se llamaba “El misterio de la fosa de los leones”. La historia del robo de las joyas de la Catedral de Córdoba en clave de ficción establecía un paralelo en tiempo y espacio con la de un joven seminarista tres siglos antes. El apasionante último capítulo decía algo así como “En octubre del que será recordado como el Año del Milagro, un incidente conducirá al cuerpo de bomberos a remover la fosa de los leones -del Zoo, se entiende- y allí, para sorpresa de toda la cristiandad y para maravilla de esta Córdoba de la Nueva Andalucía, rescatarán el cofre que contiene la Corona de Nuestra Señora”. Siempre que se acerca octubre recuerdo la profecía del novelista, no importa si es o no real. Lo real no necesariamente es verdadero. Lo que importa es lo que ocurrió en mí: a partir de ese momento, decidí recorrer la ciudad esperando encontrar en algún lugar, en algún momento, un tesoro, por pequeño que fuera.
En estos diez años de frenéticas búsquedas callejeras, no encontré oro. Esta podría ser la conclusión de un alquimista equivocado. Sin embargo, al mirar atrás y leer mis cuadernos de viaje descubro con sorpresa cosas como la silla de Merlín, el árbol de Pop Corn, el centro del mundo que es el Museo Tejeda y un puñado de poemas de amor. Y me pregunto entonces si ese no es, en verdad, el tesoro que buscaba.
Mientras escribo, recuerdo a Saint Exupéry “lo que embellece al desierto es que esconde un pozo en cualquier parte”. No somos desesperados habitantes del desierto. Somos el desierto.

2 comentarios:

Me dijo...

Claudia..me gusta mucho el blog!...felicitaciones por el segundo puesto!!

claudia paredes dijo...

Gracias, Me. Nos leemos.